Pero no solo estas cosas son las que hacen que una persona
aprenda sino que una persona puede aprender también de sus experiencias
incluso, como hemos visto durante este curso, puede que lo que aprenda por la
experiencia le sirva y se le quede más fácilmente en la memoria que aquello que
da en el colegio separado de la realidad.
Es más una persona puede aprender, no solo de sus
experiencias sino también de aquellas de los que le rodean.
Recuerdo una anécdota que le ocurrió a mi hermano cuando éramos
más pequeños que guarda relación con lo que hemos visto durante este curso
sobre la educación integral de una persona, no solo en los conocimientos sino
también en el aspecto moral, en hábitos y en formas de resolver sus problemas.
Además esta educación no ha de ser contradictoria entre unos educadores y otros,
o en unos momentos y otros, para no confundir al niño y para que este vea una continuidad
y utilidad en aquello que se le enseña.
En el caso de mi hermano no fue una contradicción entre
diferentes profesores ni entre un momento y otro sino que fue una misma
profesora, su tutora ese año, y con una diferencia de menos de una semana la
que llamó a mi madre para decirle, en una primera reunión, que no se defendía y,
en una segunda reunión, como he dicho menos de una semana después, la profesora
la llamó para quejarse de que había empujado a un niño que se metía con el.
Imagino la contradicción de un niño al que se le dice que
debe defenderse y luego se le riñe por hacerlo.
Es por eso por lo que creo necesaria una coherencia entre lo
que enseñas y lo que pides o lo que demuestras a los alumnos, no solo en los
conocimientos sino, y en mayor medida, en los conocimientos actitudinales o
morales.
También recuerdo una experiencia que tuve yo con una de mis
tutoras y que me ha hecho reflexionar sobre lo que hemos visto sobre la
necesidad de adecuar los castigos y recompensas a las acciones de los niños,
para no recompensar acciones que no suponen esfuerzo alguno o no castigar las
que no tienen importancia, sobre todo en los años en que, como hemos visto en
psicología del desarrollo, la autoestima de un niño depende de la opinión que
los padres y profesores tengan de el.
Este fue mi caso, recuerdo que me castigaron y llamaron a mi
madre a tutoría como si hubiese hecho algo que estuviese muy mal y fuese un
gran perjuicio y lo que pasaba era únicamente que había roto una goma de borrar
y creo que, ni siquiera había sido intencionado.
Estas dos experiencias me han hecho reflexionar, además,
sobre la labor de un tutor y sobre uno de los aspectos que hemos visto en esta
asignatura durante el curso que son las reuniones de los padres con los
tutores, que han de ser convocadas para hablar sobre temas que afecten al
desarrollo del alumno y no para temas que no tienen importancia como el caso de
la goma.
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