Pero no todo en mi educación es tan bueno como pueda
parecer, también tengo algunos profesores de los que no guardo un recuerdo
positivo. Profesores de los que me acuerdo cuando nos dicen cosas como “no
pueden decirle a un alumno que no vale para nada”, “nunca corten la creatividad
de un niño”, “No pueden imponer sus ideas a sus alumnos” u otra serie de cosas
que no debemos decir, o no hemos de hacer, con nuestros futuros alumnos.
Porque, aunque parezca mentira en los tiempos que corren,
aun hay profesores que intentan imponer sus ideas ignorando la opinión de los
alumnos e incluso burlándose de ellos cuando intentan exponer unas ideas
contrarias, o simplemente diferentes, a las que el profesor tiene.
Esto se hacía en la
educación hace unos años y fue criticado de tal modo que algunos, como el grupo
Pink Floyd en esta canción, optaron por decir
“no necesitamos educación, no necesitamos que controlen nuestras mentes,
basta de oscuros sarcasmos en las clases”
Y, aunque nosotros, futuros maestros, tengamos claro que
nuca lo haríamos, tuve algunos profesores que, delante de toda la clase, no tenían
ningún problema en decirte que no valías para nada, que nunca llegarías a aprobar, profesores a los que parecía que el mundo se
les caía encima y se mostraban desesperados, como si ya no supieran que hacer
contigo, cuando fallabas una simple pregunta o preguntabas aquello que no
habías entendido bien.
Profesores que si te decían “pinta un árbol” y veían que,
una vez terminado el árbol, empezabas a dibujarle hierba y flores alrededor, te
hacían parar diciendo que eso no era lo que ellos habían pedido, que no lo
hicieses.
También, tuve algunos profesores que, siempre quejándose de
las horas que les habían quitado por aquí o por allá, ignoraban el estado de
los alumnos y les daban largas sesiones de clases llenas de contenido, aunque
el mundo hubiese terminado fuera de su aula. Siempre apurados por dar todo el
contenido que habían programado dar y que nunca les daría tiempo a terminar.
Por suerte, no fueron muchos profesores los que actuaban de
esta manera, sino que fueron una pequeña minoría que casi pasaba desapercibida
entre todos los buenos profesores que he
tenido.
Además, he de decir que no siempre actuaban de la misma
forma ni lo hacían con todos sus alumnos.
Muchas personas me dijeron que aquello lo hacían por
espabilarnos y para ver si, de una vez por todas, decidíamos que ya era hora de
dar a ese profesor, que parecía no
esperar nada productivo de nosotros, con un canto en los dientes.
A mí nunca me pareció una buena manera de motivar a una
persona y nunca me pareció correcto que lo hiciesen, por muy buenas intenciones
que tuviesen.
Ahora, en mi segundo semestre de carrera se que los niños más
sensibles pueden llegar a traumatizarse si se les dice algo así y, en un caso
menos extremo, que ese tipo de comentarios o actitudes no motiva a los niños
sino todo lo contrario. Se que la actitud de un profesor o su forma de dar las
clases puede influir en que te guste o no te guste una asignatura para el resto
de los años de escuela, y que, lo que esperan de ti, influye en tu rendimiento.
Por eso, al recordar a estos profesores durante las clases,
pienso en lo que supuso para mi ese comentario o en como me sentí después de aquello
y me prometo a mi misma que nunca me daré por vencida con ninguna persona por
mucho que parezca que no conseguiré nada, porque todo el mundo tiene capacidad
de aprender y todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, incluso a
una tercera, porque, por ejemplo en mi caso, con profesores diciéndome que iba
a repetir ese año y si no, no iba a poner afrontar el siguiente y lo repetiría,
pero, por otro lado, con personas que creían en mi y me hacían sentir que era capaz
de hacerlo, nunca repetí un curso y nunca deje de aprobar, antes o después,
todas mis asignaturas y ahora, en primero de carrera, tengo todas las
asignaturas del primer semestre aprobadas.
También me propongo dejar la mayor libertad posible a mis
futuros alumnos para que, aunque hagan todos lo mismo, cada uno lo haga a su
manera y me digo a mi misma que ojala nuca me parezca a esos profesores.
De las experiencias negativas también se aprende. Quizás tú has aprendido de ellas cosas importantes que te ayudarán a ser mejor profesora.
ResponderEliminar