Buscando alguna canción o vídeo con el que amenizar el blog
y que no sea solamente textos y reflexiones encontré esta canción que creo que refleja lo que he puesto de
relieve en este blog sobre la educación.
La canción hace referencia a los conocimientos teóricos que
se dan en los colegios, conocimientos que, como hemos dicho tienes que tener
relación con la vida real y ser útiles a los alumnos, también hace referencia a
la educación moral y a que los alumnos sean felices, al desarrollo n solo
intelectual sino personal y la educación continua a lo largo de la vida de los
alumnos.
También hace referencia a otros temas de los que hemos
hablado a lo largo de este blog como pueden ser el afrontar los problemas y
dificultades sin que “te aterren” y a las recompensas al esfuerzo que, como
hemos dicho no han de ser necesariamente materiales.
Y también hace referencia a un tema que hemos tratado en
este curso y que es importante, sobre todo en esta asignatura, y que es que todos los profesionales del centro deben
apoyar, guiar, a los alumnos en su crecimiento y perfeccionamiento.
Por último destacar que es una canción de una campaña para
evitar el abandono escolar.
Pero no solo estas cosas son las que hacen que una persona
aprenda sino que una persona puede aprender también de sus experiencias
incluso, como hemos visto durante este curso, puede que lo que aprenda por la
experiencia le sirva y se le quede más fácilmente en la memoria que aquello que
da en el colegio separado de la realidad.
Es más una persona puede aprender, no solo de sus
experiencias sino también de aquellas de los que le rodean.
Recuerdo una anécdota que le ocurrió a mi hermano cuando éramos
más pequeños que guarda relación con lo que hemos visto durante este curso
sobre la educación integral de una persona, no solo en los conocimientos sino
también en el aspecto moral, en hábitos y en formas de resolver sus problemas.
Además esta educación no ha de ser contradictoria entre unos educadores y otros,
o en unos momentos y otros, para no confundir al niño y para que este vea una continuidad
y utilidad en aquello que se le enseña.
En el caso de mi hermano no fue una contradicción entre
diferentes profesores ni entre un momento y otro sino que fue una misma
profesora, su tutora ese año, y con una diferencia de menos de una semana la
que llamó a mi madre para decirle, en una primera reunión, que no se defendía y,
en una segunda reunión, como he dicho menos de una semana después, la profesora
la llamó para quejarse de que había empujado a un niño que se metía con el.
Imagino la contradicción de un niño al que se le dice que
debe defenderse y luego se le riñe por hacerlo.
Es por eso por lo que creo necesaria una coherencia entre lo
que enseñas y lo que pides o lo que demuestras a los alumnos, no solo en los
conocimientos sino, y en mayor medida, en los conocimientos actitudinales o
morales.
También recuerdo una experiencia que tuve yo con una de mis
tutoras y que me ha hecho reflexionar sobre lo que hemos visto sobre la
necesidad de adecuar los castigos y recompensas a las acciones de los niños,
para no recompensar acciones que no suponen esfuerzo alguno o no castigar las
que no tienen importancia, sobre todo en los años en que, como hemos visto en
psicología del desarrollo, la autoestima de un niño depende de la opinión que
los padres y profesores tengan de el.
Este fue mi caso, recuerdo que me castigaron y llamaron a mi
madre a tutoría como si hubiese hecho algo que estuviese muy mal y fuese un
gran perjuicio y lo que pasaba era únicamente que había roto una goma de borrar
y creo que, ni siquiera había sido intencionado.
Estas dos experiencias me han hecho reflexionar, además,
sobre la labor de un tutor y sobre uno de los aspectos que hemos visto en esta
asignatura durante el curso que son las reuniones de los padres con los
tutores, que han de ser convocadas para hablar sobre temas que afecten al
desarrollo del alumno y no para temas que no tienen importancia como el caso de
la goma.
También he aprendido en estas actividades que el esfuerzo
siempre tiene sus recompensas y que estas no han de ser necesariamente
materiales.
Esto también lo hemos visto durante este curso, tanto en los
temas de modificación de conducta como en los que se referían a los refuerzos,
positivos o negativos, premios o castigos.
Hemos visto que estos no han de ser siempre materiales ni
darse continuamente o los educandos acabarán haciendo las cosas simplemente por
la recompensa y no por que las crea útiles, además han de aprender que también
es una recompensa el sentirse bien después de haber hecho algo bueno o el
conseguir aquello que querían después de intentarlo y esforzarse y esto también
les ayudará a ser constantes y no darse
por vencidos.
La alegría que da el haber conseguido algo que llevas tiempo
intentando puede ser recompensa suficiente en muchas ocasiones como el día que
conseguimos, por primera vez, hacer un baile difícil, como el que sale en el vídeo,
después de haberlo intentado varias veces y que se nos hiciesen nudos en las
cintas en muchas ocasiones.
En este baile hay que girar alrededor de un palo a la vez
que te nueves entre los compañeros, en círculo, llevando cada bailarín en la
mano una cinta de un color, estas cintas se trenzan para luego destrenzarlas.
Es un baile que parece muy fácil visto desde fuera pero, que
tiene una gran complicación ya que con un solo paso de uno de los bailarines que
no salga al tiempo o que no esté bien se rompe el trenzado de las cuerdas y se
hacen nudos.
Recuerdo que cuando acabamos de bailar y vimos que nos había
salido bien, sin nudos, nos alegramos mucho, aplaudimos y saltamos y decidimos
añadirlo en nuestra próxima actuación.
Como he dicho, cosas como este baile me enseñaron que a
veces la mejor recompensa es la alegría que tu mismo sientes al haber hecho
algo bien y al haber conseguido lo que querías y a no rendirme por muchas veces
que saliese mal y por mucho que pareciese que nunca nos saldría.
Pero quizás una de las cosas que más me ha impactado de
todas las actividades que he realizado con estos grupos fue una actuación con
el grupo de guitarras de la escuela de música.
Todas las actuaciones han sido importantes, tanto de una
actividad como de otra, algunas más como los campeonatos de España de gimnasia
y otras menos como bailes de fin de curso delante de un grupo de padres pero,
sin duda la que más me ha impactado fue la que hicimos el año pasado, en navidad
con un grupo de la escuela de música.
En esta ocasión teníamos un público muy especial ya que
fuimos a tocar para los ancianos dependientes de la residencia de las hermanas
de los pobres de Pamplona, para entretenerles y sacarles de su rutina, hacerles
un poco de compañía y llevarles algo de ilusión en fechas como la navidad.
La sala que habían preparado para que pudiésemos tocar se
llenó enseguida, allí había tanto ancianos que casi no podían moverse e iban en
sillas de ruedas especiales, como otros que no estaban tan mal y por supuesto
las hermanas que cuidaban de ellos y algunos de nuestros familiares.
Tocamos y cantamos villancicos con ellos y por supuesto,
pudimos ver la gran labor que estas hermanas hacen con estas personas que
dependen de que alguien les ayude día a día pero que no pueden pagar lo que
vale una residencia de ancianos.
Esta experiencia me hizo reflexionar y aprender mucho más de
lo que lo han hecho la mayoría de las clases del colegio.
Por ejemplo, aprendí más sobre la caridad de las
congregaciones religiosas en esta experiencia que en todas las clases de religión.
También pudimos ver una de las salas donde estas hermanas hacían
un curso con los mayores en el que hacían muñecas de trapo, collares, pulseras
y otras actividades manuales y me di cuenta de que las personas, por muy
mayores que sean y por muy mal que estén siempre pueden aprender y por supuesto
enseñar y que estos ancianos, aún en la situación en la que estaban no han
perdido la ilusión y siguen disfrutando de las pequeñas cosas como la actividad
que hicimos allí.
Esto me ha recordado a una de las cosas que hemos aprendido
durante este curso y es que la educación no se limita a unas actividades o a la
época que pasamos en un centro educativo sino que la educación tiene que ser
integral y durar toda la vida de la persona y a que no solo el educador enseña
al educando sino que también puede aprender de el ya que es una acción de ayuda
mutua.
En estas actividades también e aprendido a superar las
dificultades sin darme por vencida y a afrontar los imprevistos de una manera
diferente y positiva, como, por ejemplo cuando algún compañero faltaba en el
momento de hacer un baile o de interpretar una canción.
En esos momentos, las respuestas han sido muy diferentes en
una actividad que en otra.
Así, hemos eliminado una de las voces de una pieza poco
antes de tocarla, hemos modificado las
entradas o tocado sin uno de los instrumentos con los que contábamos en alguno
de los conciertos, o hemos cambiado a una bailarina por otra justo antes de
salir en un ejercicio de gimnasia rítmica.
En una de estas ocasiones, mi profesora de dantzas
regionales me pidió que sustituyese a una de las chicas de otro grupo porque
era la que mejor sabía el baile que ellas iban a hacer.
Iba vestida de manera diferente al otro grupo y no tuve
tiempo a cambiarme ni a ensayar con ese
grupo, que no era el mío, porque las actuaciones iban una a continuación de la
otra y me enteré de que tenía que volver a salir cuando estaba entrando al
acabar nuestro baile.
No obstante, todo salió bien y terminamos de bailar sin que se
notase, salvo por la ropa, que yo no pertenecía a ese grupo.
En momentos como este es donde aprendí que si sabes hacer
algo y quieres que salga bien puedes superar pequeñas dificultades o
imprevistos y tener éxito y a estar
preparada y no rendirme ante los cambios ya que todo puede salir bien pese a ellos.
Este año hemos visto que la educación, como todo el la vida,
es imprevisible ya que en todo momento puede ocurrir algo que cambie nuestros
planes y por ello considero importante lo que aprendí entonces ya que ahora, al
ver un problema no me quedo parada y pienso que con un pequeño cambio todo está
perdido y no voy a poder hacerlo sino que busco la manera de solucionarlo para
resolverlo de la mejor forma posible.
Es también algo que considero importante enseñar a mis
futuros alumnos y que se puede enseñar tanto dentro como fuera del aula.
Como dije en mi primera entrada, no todo la educación la
recibimos del colegio, otra de las cosas que a mi parecer han influido mucho en
mi educación son las actividades extraescolares y los grupos, externos al
colegio, en los que he participado, como el grupo de danzas regionales, el
equipo de gimnasia rítmica o las clases de pintura y guitarra.
En todos estos grupos he podido conocer gente fuera del
ámbito escolar y he aprendido a trabajar con ellos en conjunto, sobre todo el
la gimnasia rítmica en la que debíamos sincronizar los movimientos del
ejercicio y en la guitarra para entrar todos al mismo tiempo y no
descompasarnos en los conciertos, y a ayudar a otros, además de aprender muchos
aspectos de la convivencia y a llegar a acuerdos.
Sin embargo lo que quizá pueda destacar más de estas
experiencias, uniéndolo con alguno de los conocimientos que durante lo que
llevo de este primer año de carrera e obtenido, es el aprender a trabajar y
esforzarme por algo y a aceptar el resultado, ya sea bueno o malo, ya sea
quedar en un primer puesto o que después de mucho esfuerzo un dibujo no saliese
como había pensado. El tema de aceptar los fracasos y los aspectos menso
agradables de la vida, como he podido ver este curso, ha sido muy discutido en
la educación ya que algunos autores ponen especial énfasis en que un niño no
debe crecer en un mundo perfecto en que todo es bonito, apartándolo de los
aspectos negativos, sino que se le deben mostrar tanto las cosas buenas como
malas de la vida, acompañándolo y ayudándole a comprender y a llevar las cosas
que no son agradables. Esto guarda especial relación con los contenidos de esta
asignatura, orientación educativa, ya que en ella hemos hecho referencia en
varias ocasiones a la educación integral y no solo en contenidos y a la ayuda
al desarrollo completo de la persona.
Me parece de especial relevancia aprender a llevar los
fracasos ya que, no todo nos va a salir bien en la vida y hemos de saber que,
no por fallar en un paso somos unos pésimos bailarines, sino que podemos haber
fallado ese y haber hecho perfectamente bien el resto, hemos de saber que
podemos fallar en algo aunque se nos de bien, por pura casualidad, y también es
importante saber que de los errores se aprende y que lo importante no es
hacerlo todo bien a la primera sino que, si hay algún error, aprender a
localizarlo, buscar sus causas y corregirlo, seguir adelante, para poder
mejorar en algo ya que, si no hay errores, no hay posibilidad de mejora y, como
la educación es la ayuda al crecimiento y mejora personal, la educación no
tendría sentido sin esos fallos y ese aprendizaje.
Considero tan importante enseñar a mis futuros alumnos a hacer
bien las cosas como a afrontar los fallos, y es algo que yo he aprendido, en
gran medida en estas actividades.
Dejo aquí el vídeo de una de las canciones que tocamos con la guitarra, pero tocado por otra persona.
Al haberse hecho en estos dos últimos fines de semana la Javierada y como este año la he
hecho entera junto con unas amigas, dos de ellas de clase, he decidido
dedicarle una entrada a esa experiencia.
Y es que las experiencias pueden ayudar en la educación de
una persona tanto o más que las lecciones del colegio, además no solo he hecho
este camino fuera del colegio sino que mientras estaba en el y al ser un
colegio religioso, se organizaban, desde el colegio, la Javierada escolar en
los cursos mas bajos y grupos para ir a Javier saliendo desde Monreal o desde
la mitad del camino de más mayores.
Yo la hice varios años de pequeña, la Javierada escolar, con
un grupo de alumnos de mi colegio, donde aprendí no solo a esforzarme por
aquello que quería y la constancia de no dejar aquello que me había propuesto
hacer por mucho que me costase sino que aprendí a convivir con gente de mi
colegio y con gente que no lo era, conocí a muchas personas y tuve la ocasión
de ayudar a mis compañeros y ser solidaria.
El año pasado la hice junto con una amiga y más gente del
colegio desde Monreal y este año la he hecho entera con unas amigas, dos de
ellas, Naiara Fernandez y Andrea Izal son de clase.
En estas ocasiones también he aprendido a no abandonar algo
por mucho que me costase hacerlo y en estas ocasiones en mayor medida que las
anteriores al ser más largo el camino, hemos tenido tiempo para reflexionar,
para hablar, para reír y también para ayudarnos y ayudar a las demás personas
que hacían el camino junto a nosotras.
Lo que más destaco del camino de este último año ha sido el
apoyo que nos dábamos unas a otras y la satisfacción que tienes cuando, a pesar
del esfuerzo, consigues terminar con éxito aquello que te has propuesto.
Esto es algo que considero muy importante y que me gustaría
transmitir a mis alumnos pues creo que la ayuda a los demás y la constancia son
aspectos que todos deberíamos desarrollar y no se me ocurre otra forma mejor
para hacerlo que con este tipo de actividades ya que no es algo que se pueda
explicar ni evaluar diréctamente de manera teórica.
En todas mis entradas hablo de aspectos a los que en mi
colegio se daba importancia, a parte de
la transmisión de conocimientos pero, en ninguna de ellas he hecho referencia a
esta labor que, al ser la que más se ve desde fuera, muchas personas creen que es toda la tarea del educador.
Y es que, aunque haya otras muchas, educar y transmitir
conocimientos son las labores principales de un colegio.
Además es uno de los mejores lugares para ver si un profesor
es bueno realmente pues, mientras algunos llegan con la clase totalmente sin
reparar y se limitan a mandar leer a los alumnos, uno tras otro y en voz alta,
el libro de texto sin añadir nada nuevo ni explicarlo, otros sabían poner
ejemplos más o menos cercanos al alumno, explicaban las cosas, no
necesariamente como las explicaba el libro, hasta que se entendían.
Como ejemplo del primero de los tipos, quizá uno de los
casos más extremos sería uno de mis profesores de inglés de la ESO, llegaba
siempre tarde a clase, miraba si habíamos hecho la tarea y la corregía con los
que la habíamos hecho mientras el resto la copiaban, después mandaba leer un
texto en alto y una serie de ejercicios para hacer en lo que quedaba de clase y
de tarea si no terminabas. Es más, la mayoría de las veces salía de clase
mientras hacíamos estos ejercicios dejándonos solos. Los exámenes de este profesor
eran ejercicios del libro, fotocopiados tal cual, o ejemplos de exámenes que aparecían
en el libro del profesor.
Ejemplos del segundo tipo habría muchos, profesores que
dictaban sus propios apuntes , añadían o quitaban información a los libros de
texto y explicaban los temas las veces que hiciese falta hasta que se
entendiesen, profesores que se notaba que realmente les gustaba enseñar y ayudar
a los alumnos a entender y sobre todo, que les gustaba aquello que enseñaban.
Particularmente, espero ser una profesora del segundo tipo y
espero que, por muchos años que lleve enseñando lo mismo, no lo haga siempre
igual y pierda la ilusión sino que sepa mejorar mi forma de enseñarlo año a año
y cambiar algunos aspectos.
También me gustaría poder hacer algún trabajo con los niños
que no solo les ayude a entender el tema sino que les divierta y desarrolle su
creatividad, algo como lo que aparece en el vídeo que hay a continuación, un vídeo
hecho por profesores y alumnos del colegio que no se hizo en mi curso pero que
me parece una buena iniciativa para motivar a los alumnos hacia la asignatura y
hacer que estudien el tema.
También destacaría de mi colegio la educación para la
solidaridad que se nos daba.
De nuestro colegio no solo salen niños con una serie de
conocimientos sino que se nos educa en la solidaridad y en la aceptación de los
demás.
En el colegio podías encontrar a personas de muy diferente
nivel económico, por ejemplo, o de diferentes procedencias o razas, no solo en
alumnos sino también profesores ya que he tenido profesoras de Canadá, de Kenia
y de Texas, por ejemplo, y ello no suponía
ningún impedimento para la clase sino que todos nos enriquecíamos de ello y
conocíamos las costumbres de otros lugares, por ejemplo cuando, al hacer una
redacción se nos pidió una receta y las personas de fuera expusieron recetas típicas
de su tierra o en clase de música que había que realizar un trabajo sobre la música
característica de el lugar de donde eras, como en Navarra son las jotas y , en
el caso de los profesores de su acento nativo para las clases de idiomas.
Esto es importante ya que en la vida nos encontramos a
personas muy diferentes y hay que saber, desde muy pequeños, aceptar esa
diversidad.
En cuanto a la solidaridad, recuerdo como cada año se hacían
varios proyectos de ayuda a las personas necesitadas como la recogida de dinero
para el Domund o la campaña kilo que consistía en llevar un kilo de algún
alimento no perecedero para aquellos que lo necesitasen. También se prestaban
libros que la gente dejaba en el colegio y las hermanas del colegio hacían
todos los años un mercadillo solidario con productos hechos a mano que, al
comprarlos ayudabas a alguno de los países donde las hermanas estaban ayudando.
Una cosa que me marcó mucho fue la iniciativa de una de mis
profesoras de inglés, que era de Kenia, y decidió abrir un colegio en una zona
desfavorecida de Kenia y enseguida se le prestó toda la ayuda que se podía
desde el colegio. Ella vendía calendarios para ayudar a pagar ese colegio el
colegio Nuestra Señora del Huerto de Kenia y organiza voluntariados para ir en
verano allí y estar con las personas mas
desfavorecidas. Un voluntariado al que me hubiese gustado mucho ir, pero que,
desgraciadamente, no pude ir al final.
Esta iniciativa me marcó mucho y también el modo en que todo
el colegio la ayudó. Esta es otra de las profesoras a las que quisiera
parecerme, y ya no solo en su forma de dar las clases sino en su capacidad para
poner en marcha un proyecto así y la
decisión para sacarlo adelante.
Un ejemplo de estas situaciones podría ser la enfermedad de
dos compañeras que, en diferentes cursos, les impidió asistir a clase durante
un tiempo o durante la mitad de la jornada escolar. En al menos uno de estos casos
se necesitó una ayuda externa que adaptase las clases y los exámenes a sus
necesidades, la ayuda del Creena.
En ninguno de los casos esto supuso que la persona fuese
tratada diferente a los demás mientras estaba en clase, solo en los exámenes ya
que una de ellas los hacía de forma oral y por tanto tenía que estar en una
clase separada para que los demás no oyésemos sus respuestas, por lo demás las
dos seguían las clases a las que podían asistir con total normalidad lo que es
importante para que sigan integradas en
su grupo y no se produzcan muchos cambios ni para el grupo de clase ni para
esos alumnos.
Además en ambos casos se nos explicó que era lo que les
pasaba y por qué una de ellas tenía que hacer los exámenes de forma oral lo que evitaba posibles rumores sobre el trato
"diferente" que tenían.
También, en mi opinión esto hace que las personas no se
sientan diferentes al resto por seguir unos programas adaptados que, al final,
les llevaron a terminar el curso con el mismo nivel que los demás.
Entonces me parecía bien que les ayudasen y les pusiesen
profesores, como también me parecía bien que si no podía escribir le hiciesen
los exámenes orales ya que me parecía que tenía el mismo derecho que todos a
poder hacerlos. Ahora se que lo que les hicieron era una adaptación curricular
no significativa, ya que no afectaron a su promoción ni cambiaron los mínimos
exigidos para ese nivel.
Además me parece buena la discreción con que lo llevaban y
cómo nos lo explicaron pues así no cambiarían el ritmo ni del grupo de
referencia ni de esa persona y tampoco darían pie a que los compañeros pudiesen
pensar que le trataban de forma diferente y que se separase de su grupo.
Algo que también destaco como bueno en mi colegio y, a su
vez, algo en lo que también había diferencias entre los profesores es en la forma
de afrontar los problemas que se presentaban y que eran externos al colegio o a
las asignaturas como podía ser la muerte de un familiar de algún compañero o
profesor o por algún conflicto tanto dentro, como fuera del horario escolar.
Si algo así pasaba, no se nos ocultaba información ni se nos
hacía ver que no pasaba nada sino que se nos explicaba lo que pasaba, siempre con
proporción a nuestro nivel de compresión y edad.
También en eso había diferencias entre unos profesores y
otros pues, mientras algunos se limitaban a hacer un mínimo comentario en clase
para pasar al contenido, diciendo que el encargado de darnos una explicación más
competa sería el tutor, y otros que nos explicaban lo sucedido hasta que lo hubiésemos
entendido, atendiendo a todas nuestras preguntas y, en muchos casos, a nuestras
opiniones, pero siempre, como he dicho, sin ocultarnos los problemas lo que me
parece importante para que los niños no solo se acostumbren a verlo todo bonito
sino que sepan también que existen los conflictos y cuales son sus
consecuencias y para que te sientas realmente integrado y valorado.
Cuando había algún problema más personal, que no se podía
tratar delante de toda la clase, o en un grupo de amigos, siempre se disponía
del tutor o de algún profesor que nos echaba una mano y ponía todo de su parte
para ayudarnos a solucionarlo.
En esto también había un profesor que destacaba sobre el
resto, un profesor al que casi todos nos dirigíamos al tener alguna dificultad
que no fuese de alguna asignatura en concreto y que siempre buscaba un hueco
para ayudarnos ya fuese en alguna hora libre dentro del horario y centro
escolar o al terminar las clases, es más, mas de una vez nos dijo que de tener
algún problema y no querer o no poder tratarlo en el colegio podíamos ir a
tomar un café al bar.
Este profesor era también el que más explicaciones daba y más
tiempo de clase dedicaba si había algún problema que comentar con toda la clase
y el que siempre se ofrecía, y mejor ayuda nos daba, en otros casos más
personales.
Este es otro de los profesores a los que me gustaría poder
parecerme, aunque es un profesor de la ESO y bachillerato y yo estoy estudiando
educación infantil, y uno de los profesores que me marcó y a los que nunca
olvidaré de mis profesores del colegio, un gran profesor de filosofía, atento
con sus alumnos, Fernando.
Había además, en mi colegio, un plan de valores y virtudes
que se trabajaba mediante fotocopias con propósitos mensuales, cada mes en
relación a un valor diferente, en la clase de tutoría.
Esta me parece una buena iniciativa por parte del colegio ya
que creo que no solo debe educarse en contenidos sino que un colegio debe
ofrecer una educación integral a sus alumnos para que al salir de el no solo
hayan alcanzado los contenidos establecidos sino que sean unas personas buenas
y autosuficientes.
En los primeros años en los que se aplicaba este proyecto
las fotocopias tenían pequeñas historias o canciones con las que los niños podían
entender de una forma simple y divertida estos conceptos tan complejos. Las
historias ejemplificaban el valor al que se hacía referencia ese mes y, a
continuación, había una serie de preguntas para la reflexión e interiorización
del valor por pare del alumno y un listado de compromisos para ese mes, que se
explicaban y debatían en clase para que cada uno eligiese los que iba a poner en práctica.
Más adelante los valores eran explicados de una forma más
extensa pero aún se mantenían las preguntas para la reflexión.
Como he dicho antes, esta idea me parece muy acertada, pero
a la hora de ponerlo en práctica, estas actividades se limitaban a la hora de tutoría
y no se tocaban en el resto de asignaturas y los propósitos una vez
establecidos no se veían de nuevo ni se comprobaba su aplicación.
Como hemos visto en clase este año, estas actividades no
deberían limitarse a una hora o no deberían ser tratadas solo por el tutor sino
que todos los profesores deberían promoverlas,
lo que es algo complicado en la práctica
pues cada profesor se dedica a los contenidos de su asignatura.
Es una idea que, aunque muy acertada aun necesitaría alguna
mejora como por ejemplo que todos los profesores se comprometieran a seguir el
plan y también es importante que se pongan de acuerdo en como seguirlo para que
no se lleven diferentes ritmos en las diferentes clases y la adquisición del
valor sea completa.
sábado, 11 de febrero de 2012
No obstante, si hay algo que destaco de mi educación en el
colegio son el gran número de actividades complementarias a las clases que había,
que te enseñaban a colaborar y a trabajar en grupo y te hacían formar parte del
colegio y no ser un mero nombre que ocupa un pupitre y pasa por el colegio como
quién pasa por una cadena de montaje en
la que le van añadiendo conocimientos.
Además del gran número de extraescolares que ofrecían,
hacíamos muchas salidas, convivencias, el día de la paz, el viaje de estudios, y
dos días al año, un sábado y un día entre semana, teníamos la fiesta del
colegio, con hinchables y actividades y una comida de profesores y familias, lo
que integraba a las familias y las hacía participar en la escuela, y el día de
San Antonio María Gianelli, fundador de las hermanas del huerto y de nuestro colegio.
Además de los festivales de inicio y final de curso y de navidad, y las
actividades que hacíamos para recoger dinero para los necesitados. Y para
nuestro viaje de estudios, que, más que para conseguir dinero, era una excusa
para que la clase debatiese ideas, pensase e hiciese cosas junta en unos cursos
en que la mayor parte del tiempo en clase se dedicaba al trabajo individual.
En el penúltimo año que estuve en el colegio, pude
participar en el lipdub que hizo el curso que terminaba ese año a modo de
despedida y también participé en el video de graduación de nuestro año, cosa
que también nos enseño, como todo lo anterior, a trabajar en grupo y colaborar
juntos hacia el mismo objetivo.
Pero si hay algo que sin duda me ha enseñado a convivir y a colaborar
es el coro. Entré a formar parte de el en sexto de primaria, pese a que era
para alumnos de la ESO y bachiller, ya que, junto a otros dos compañeros, íbamos
a ir a la Javierada Escolar y debíamos ensayar una canción para cantarla allí,
y estuve en él hasta que salí del colegio.
El coro estaba formado por alumnos desde primero de la ESO
hasta segundo de bachillerato lo que hacía que no solo conocieses gente de tu
curso sino que entrases en contacto con otras personas y otros cursos que de
otra manera quizá nunca hubieses conocido.
Teníamos poco tiempo para los ensayos ya que nos reuníamos
solamente un recreo a la semana para preparar las canciones pero éramos un
grupo bastante unido en el que todos nos llevábamos bien y nos ayudábamos entre
nosotros, y no solo en lo que al coro se refiere sino que podías pedir ayuda a
compañeros de cursos superiores o ayudar a los de cursos inferiores en alguna
asignatura o con cosas totalmente externas al colegio. Además, los dos últimos
años que pude estar en el coro, participamos en un concurso de villancicos, y
algunos días nos quedábamos a comer juntos para poder ensayar por las tardes
con lo que aprendimos a esforzarnos por algo que no diese una recompensa
material como puede ser un aprobado. También nos juntábamos para ensayar algún sábado
por la tarde y hacíamos meriendas y cenas de coro.
Hice muchos y buenos amigos en el coro, lo pasé muy bien en
los ensayos y aprendimos, además de a cantar unidos en distintas voces o en
canon, a ayudarnos entre nosotros, a debatir, a aceptar la decisión de la mayoría
y a esforzarnos juntos por algo, y no solo en el coro, sino en todas las
actividades que antes he nombrado que también nos ayudaban a poner en
funcionamiento y a mejorar nuestra creatividad e imaginación.
Esto es algo que, en mi opinión, si no se hace mediante este
tipo de actividades resulta muy difícil de enseñar a un niño ya que no es algo
que se pueda explicar ni medir, pero que es muy importante en el crecimiento de
una persona y por ello lo destaco aquí porque es algo por lo que el colegio
apostaba a mi parecer, muy acertadamente.
Dejo aquí los programas completos donde se pueden ver las actuaciones del coro en el concurso de villancicos que antes mencioné, el de el año pasado, mi último año en el coro y el de este año en el que yo ya no pude participar.
Minuto 26, canción en español y en ingles a continuación.
Minuto 24.
viernes, 10 de febrero de 2012
Pero no todo en mi educación es tan bueno como pueda
parecer, también tengo algunos profesores de los que no guardo un recuerdo
positivo. Profesores de los que me acuerdo cuando nos dicen cosas como “no
pueden decirle a un alumno que no vale para nada”, “nunca corten la creatividad
de un niño”, “No pueden imponer sus ideas a sus alumnos” u otra serie de cosas
que no debemos decir, o no hemos de hacer, con nuestros futuros alumnos.
Porque, aunque parezca mentira en los tiempos que corren,
aun hay profesores que intentan imponer sus ideas ignorando la opinión de los
alumnos e incluso burlándose de ellos cuando intentan exponer unas ideas
contrarias, o simplemente diferentes, a las que el profesor tiene.
Esto se hacía en la
educación hace unos años y fue criticado de tal modo que algunos, como el grupo
Pink Floyd en esta canción, optaron por decir
“no necesitamos educación, no necesitamos que controlen nuestras mentes,
basta de oscuros sarcasmos en las clases”
Y, aunque nosotros, futuros maestros, tengamos claro que
nuca lo haríamos, tuve algunos profesores que, delante de toda la clase, no tenían
ningún problema en decirte que no valías para nada, que nunca llegarías a aprobar, profesores a los que parecía que el mundo se
les caía encima y se mostraban desesperados, como si ya no supieran que hacer
contigo, cuando fallabas una simple pregunta o preguntabas aquello que no
habías entendido bien.
Profesores que si te decían “pinta un árbol” y veían que,
una vez terminado el árbol, empezabas a dibujarle hierba y flores alrededor, te
hacían parar diciendo que eso no era lo que ellos habían pedido, que no lo
hicieses.
También, tuve algunos profesores que, siempre quejándose de
las horas que les habían quitado por aquí o por allá, ignoraban el estado de
los alumnos y les daban largas sesiones de clases llenas de contenido, aunque
el mundo hubiese terminado fuera de su aula. Siempre apurados por dar todo el
contenido que habían programado dar y que nunca les daría tiempo a terminar.
Por suerte, no fueron muchos profesores los que actuaban de
esta manera, sino que fueron una pequeña minoría que casi pasaba desapercibida
entre todos los buenos profesores que he
tenido.
Además, he de decir que no siempre actuaban de la misma
forma ni lo hacían con todos sus alumnos.
Muchas personas me dijeron que aquello lo hacían por
espabilarnos y para ver si, de una vez por todas, decidíamos que ya era hora de
dar a ese profesor, que parecía no
esperar nada productivo de nosotros, con un canto en los dientes.
A mí nunca me pareció una buena manera de motivar a una
persona y nunca me pareció correcto que lo hiciesen, por muy buenas intenciones
que tuviesen.
Ahora, en mi segundo semestre de carrera se que los niños más
sensibles pueden llegar a traumatizarse si se les dice algo así y, en un caso
menos extremo, que ese tipo de comentarios o actitudes no motiva a los niños
sino todo lo contrario. Se que la actitud de un profesor o su forma de dar las
clases puede influir en que te guste o no te guste una asignatura para el resto
de los años de escuela, y que, lo que esperan de ti, influye en tu rendimiento.
Por eso, al recordar a estos profesores durante las clases,
pienso en lo que supuso para mi ese comentario o en como me sentí después de aquello
y me prometo a mi misma que nunca me daré por vencida con ninguna persona por
mucho que parezca que no conseguiré nada, porque todo el mundo tiene capacidad
de aprender y todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, incluso a
una tercera, porque, por ejemplo en mi caso, con profesores diciéndome que iba
a repetir ese año y si no, no iba a poner afrontar el siguiente y lo repetiría,
pero, por otro lado, con personas que creían en mi y me hacían sentir que era capaz
de hacerlo, nunca repetí un curso y nunca deje de aprobar, antes o después,
todas mis asignaturas y ahora, en primero de carrera, tengo todas las
asignaturas del primer semestre aprobadas.
También me propongo dejar la mayor libertad posible a mis
futuros alumnos para que, aunque hagan todos lo mismo, cada uno lo haga a su
manera y me digo a mi misma que ojala nuca me parezca a esos profesores.
miércoles, 8 de febrero de 2012
“Reflexione sobre su educación” y enseguida te viene a la
cabeza, al igual que a todos, el colegio, aquel lugar extraño lleno de gente
que te decía lo que tenias que hacer y te ponían notas. Las notas ante las que
todos temblábamos nerviosos y de las que, sobre todo en los últimos años,
dependía nuestra libertad en verano y el castigo o premio de unos padres
preocupados por nuestro futuro.
Pero el colegio no es solo eso, no se trata de una serie de
conocimientos y evaluaciones, la educación que se da en un colegio va mucho mas
allá de lo que se ve exteriormente, que, en muchos casos incluso pasa
desapercibido a la hora de recordar.
¿Quién recuerda las formulas de física aparte de los que aun
las emplean? ¿Quién puede recitar de memoria los ríos y montes de la Península
Ibérica?
De lo que si estoy segura es de que todos recordamos a aquel
profesor que nos marcó especialmente, tanto para bien como para mal. Aquel al
que solo le importaba que recitásemos de memoria un verbo, y a aquel otro, que
se preocupaba de lo que realmente nos pasaba, dejando muchas veces de lado los
conceptos de su propia asignatura, que nos enseño a afrontar los problemas de
manera diferente, aquella discusión con nuestro mejor amigo en la que aprendimos que esa persona era mas importante
que todo lo que nos pudiera hacer, si, aprender, tanto en caso como en otro,
aprender.
Porque todas estas cosas nos enseñan tanto o mas que la repetición
de “En un
triángulo rectángulo el cuadrado de la suma de los catetos es igual al cuadrado
de la hipotenusa”.
Yo al menos considero que me
han influido mas todos estos aspectos que los conocimientos que nunca volví a
emplear y que si no están olvidados ya, tardaran poco en estarlo.
Es más, el centro educativo no es el único lugar de donde
recibes tu educación, la educación viene también de la familia, de los iguales,
del resto de la sociedad, de los medios de comunicación y a veces, incluso de
uno mismo.
Pero, al ser el colegio el primer lugar en que pensamos al
hablar de educación, y los profesores que he tenido los que mas recuerdo en las
horas de clase, cuando se nos dice lo que debemos y no debemos hacer con
nuestros alumnos, creí conveniente hablar de el en la primera entrada de este
blog dedicado a reflexionar sobre la educación que he recibido.
A diferencia de muchas personas, yo nunca cambié de colegio,
desde primero de infantil a segundo de bachillerato estudie en el colegio
Nuestra Señora del Huerto. (http://www.huerto.org/)
15 años en el mismo colegio, 15 años rodeada, en la mayor
parte, de los mismos compañeros y de profesores que veía a diario en los
pasillos. 15 años en un colegio que durante años tienes ganas de dejar de ver y
cuando llega el momento de salir hechas de menos.
Ahora, en la universidad, sigo recordando el colegio,
recuerdo a mis profesores desde primero de infantil hasta segundo de bachiller.
Como por ejemplo a la hermana Rita, que nos enseño a leer,
un aprendizaje que ahora se que a los
niños les cuesta mucho pero que ella supo hacer divertido con los libros de “El
país de las letras” y las recompensas que nos daba si lo hacíamos bien,
recompensas que iban desde las canicas de colores hasta ocupar los primeros
puestos en la fila a la hora de salir de clase.
Lo que entonces nos hacia tan felices ahora lo conozco con
el nombre de refuerzo positivo y puedo decir, basándome no solo en mi experiencia
objetiva sino en lo que hasta ahora he estudiado, que es una de las mejores
profesoras que he tenido a lo largo de esos años. Una profesora capaz de hacer
sencillo lo mas difícil, de mantener controlados, contentos y motivados a aprender
a mas de 20 niños de 3 años, y una profesora que tan buena fue y tanto me llamo
la atención que después de tantos años le sigo guardando un cariño especial y
su nombre es uno de los primeros que aparece si pienso en los profesores que he
tenido a los que algún día me gustaría poder parecerme.